Mientras dormía tuve una extraña, pero a la vez regular, visita; no puedo pensar o describir si fue un tanto intempestiva o más calmada, tal vez hasta deseada y esperada. No me considero privilegiado o especial al ser abordado por la presencia que asecha a todo mortal: el demonio.
Ser perverso pero seductor, elegante y sigiloso, repudiado pero que es capaz de deleitar los deseos de las almas que se creen más puras; el libertador de los deseos más reprimidos en cada uno, lector de nuestros "negros sufrimientos" y fuente inagotable de todos los vicios.
¿Qué puede hacer un simple humano como yo frente a un ser de semejante altura, o bajeza según sea el caso? ¿Cómo negarme a sus insinuaciones? Sólo me quedaba dejarme llevar, al fin y al cabo ¿cómo defenderme? Él me habló dulcemente a mi oído, y me describió las imágenes más obscenas y perversas que en la vida pude ver, ante tal espectáculo, tan finamente descrito, todo mi ser se moría por estallar de placer; y mientras más me contenía, más aumentaba el fuego que devoraba mi interior. Me ofreció bienes, sexo, dinero, poder, prestigio, lujo... todo lo que una persona "normal" siempre sueña.
Mis ojos fueron cautivados y deje de percibir las imágenes de lo que estaba a mí alrededor, sólo para ver lo que él me quería mostrar. Tengo que confesar que había dejado de oponer resistencia y estaba totalmente abandonado al placer de contemplar aquello que el tentador me ofrecía. Era como paladear un buen vino, que es tan rico que no deseas tragarlo, porque su sabor ha enloquecido al paladar ¡y mi visitante lo sabía!; sabía que no deseaba que se retirara, porque su presencia se había vuelto, para mí, en algo sumamente agradable.
Le reconocía como el enemigo, pero no me atrevía a pedirle que se marchara.
-¿Dios, no me culpes por ser tan débil? -Pensé.
Total, soy un ser muy frágil.
Y así transcurrió la noche, y la madrugada y fue la mañana siguiente... llego el momento en el cual mi acompañante, como la amante que se desvanece en las sombras, se marchó.
Y allí estaba yo, me sentía sólo, desnudo, pobre y enfermo, avergonzado y sabiendo que todo lo que en esa noche había abrazado no eran más que ilusiones, imágenes de algo que no iba a suceder... fui engañado, como muchos tantos que cada noche reciben la visita de este ser extraño y familiar. Para mi desgracia, fui consiente desde el primer momento que nada podía ofrecerme una vil creatura como esta, pero el deseo que querer poseerlo todo y ser cubierto de placer me hizo olvidar frente a quien me encontraba.
¿Qué sucederá la próxima vez que me visite? como de costumbre... me entregaré al placer.
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