domingo, 8 de mayo de 2011

Sol nocturno:


La noche está apunto de caer, y el atardecer casi se ha desvanecido tras el horizonte de este azul mar. Me preparo para retirarme, así que doy media vuelta, dejando atrás la playa; pero veo a mi derecha una figura que se mueve en forma muy extraña.
Un vehículo, que también salía del lugar, giró a mis espaldas iluminando con sus farolas lo que había frete a mi; quedé inmóvil, contemplando lo que había frente a mi. Era un espectáculo, realmente, digno de admirar. Era una señorita con la piel delicadamente bronceada al sol; esbelta figura, alta y de firmes curvas, que se mueve sobre la arena con la gracia de una garza. La veo saltando, haciendo giros inversos, giros de frente, maromas, saltos mortales, saltos dobles y triples… con tanta elegancia, con tanta delicadeza que la arena bajo sus pies apenas se mueven y eso es lo único que me da la certeza que estoy frente a un ser vivo y no frente a un aparición… mis pupilas se encuentran cautivadas.
Una ola alcanza tímidamente la punta de su pie, que se eleva cuando realiza un giro invertido, haciendo que el agua salpique a su alrededor, como pequeñas piedras de diamante suspendidas en el aire; en conjunto me parece ver una estatua esculpida de granito bañada en bronce, tan torneada, tan modelada que no tenía defecto. Llevaba su cabello recogido en una cola de caballo.
¡Se ríe! Es como la sonrisa de una diosa que sabe como seducir a los hombres incautos o es como un dulce que se le obsequia a un niño. Es una sonrisa que se conjuga con una mirada traviesa mientras baila al ritmo de la naturaleza, expresando su libertad. Verla es como ver el amanecer sobre la playa, es un nuevo sol que ha nacido en esta noche obscura que ha envuelto a la playa.

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