Ideas es simplemente eso; un espacio en el que publico todo aquello que pienso y a veces no me permito decir a viva voz: sueños pendientes, estampas familiares, historias de mis amigos, imagenes y más. Nada serio, nada formal, formas que se meten en mi cabeza, que me quitan la repiración; son las que me hacen saber que en mi cordura exite un picante de locura y talvés alguien se identifique con ellas.
domingo, 30 de enero de 2011
Axeleration:
Cuando estamos viajando por la autopista que nos conduce a cualquier lugar, no hay nada como presionar el pedal del acelerador a fondo, escuchar el rugir del motor y ver como todo se queda atrás, abrir un poco la ventanilla y sentir la fuerza del viento que se desplaza a mi alrededor… y todos lo que alguna vez lo hicieron entenderán perfectamente a lo que me refiero; es ese loco y extraño deseo de sentir la adrenalina de saber que la maquina me responde y además sentir una indescriptible conexión simbiótica con el vehiculo, es una mezcla que me desafía, algo entre el temor que me embarga y la libertad que me permite seguir adelante. Con esto no quiero decir que mi manejo sea siempre agresivo, o fomentar en algún punto que se maneje así, pero cuando es el amanecer y la carretera esta tan pero tan sola es una provocación que no siempre puedo rechazar… y justo cuando la aguja del tacómetro esta apunto de llegar a la línea roja y logro hacer el siguiente cambio puedo experimentar la fuerza del motor y aunque sea una maquina sin vida en esos momentos no tiene nada que envidiarle a cualquier ser vivo.
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Tutéate con la soledad.
¿Cuántas veces nos escodemos entre multitudes y nos abrasamos fuertemente a los que queremos porque en nosotros existe un temor inexplicable a la soledad? (¿cuántas veces lo hice?) Pero ¿es esta sensación realmente un temor a la soledad? Muchas veces el verdadero temor no es a la soledad, sino a lo que esta significa; tememos a la soledad porque tememos un encuentro con quien realmente somos… temor a un encuentro conmigo.
Hoy en día en tan usual escuchar a miles de personas que no pueden o no les gusta hacer oración o meditar un poco en silencio; a lo mejor esta lejanía a la oración y con ellos obedece a la misma situación; que es: ese temor a sentirme desnudo en la presencia de aquellos que no puedo engañar y a quienes no les puedo mentir: a Dios y a mí mismo.
¿Cuántas veces escucho a personas decirme “me gusta estar solo y ver mis programas favoritos de TV y escuchar mi música y …”? la verdadera soledad se realiza en el silencio, sin TV, sin música, sin ningún ruido más que el de mi propio ser, mis pálpitos, mi respiración, mi sudoración; y todo aquello que me permite estar consciente de "este soy yo"; es rodearme de mi propia música, de esa que ha sido compuesta por mi cuerpo, por mis sentimientos, por mis debilidades y mis fortalezas. Por tanto es obvio que si no puedo estar un momento a solas conmigo no voy a poder hacer oración. Muchos alegan que se han alejado de la oración porque no están “in the mood” (no tienen ganas) para hacerlo; y esto es totalmente falso, porque cualquier momento es bueno para la oración, y la oración es buena en cualquier momento, pues de ella se recogen muchas gracias y dones que son necesarios para nuestro largo caminar por esta tierra. Así que la próxima vez que escuches a alguien que dice “amar la soledad” pero odia la oración, por ahí algo está fallando porque la una es necesaria para la otra, es más, la soledad verdaderamente te lleva a la necesidad de hacer oración. Lo que ocurre es que el temor a la oración es muchas veces el mismo temor que tengo de encontrarme conmigo en presencia de Dios, es el temor de saber quién soy y cómo soy con los demás, es el temor a remover mis falsas seguridades y descubrir la limitación, la pobreza, el pecado y la culpa que existen en mi… el temor a tutearme con la soledad es el temor que tengo a lo que ella me puede contestar.
Hipnosis.
Ritmo… tambores… timbales… golpes incesantes de la percusión, baile y fuertes movimientos de caderas –caderas que se rompen, caderas que se sacuden con violencia, caderas que delicadamente invitan a moverse con ellas, a su mismo ritmo, a su mismo son. –Un ritmo rápido y monótono, un beat que sumerge con delicadeza todo mi ser en un universo de alucinantes colores.
Cantos tribales, gemidos y gritos… se repite todo una y otra vez con singular violencia; todo suena en una lengua extraña que me arrastra entre la fuerza de sus compases y la energía de sus cuerpos al danzar; en un frenesí, una fiebre que contagia y de la cual es imposible resistirse y no me puedo escapar. Aunque mi mente me recomienda permanecer sobrio… mi cuerpo ya se comienza a estremecer; se convulsiona al ritmo del tambor que marca un son cada vez más fuerte y rápido… y al final no puedo más que disfrutar de esta rica música que me está moviendo, sabiéndome presa de punta de costa y la voz estival de los garífunas que me ha hipnotizado, perdiendo mi sentido de tiempo y de espacio… solamente somos el son, mi cuerpo, yo y miles de cuerpos danzantes que se han contagiado de este mismo padecer que ha sido imposible ignorar.
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