miércoles, 22 de diciembre de 2010

Hipnosis.


Ritmo… tambores… timbales… golpes incesantes de la percusión, baile y fuertes movimientos de caderas –caderas que se rompen, caderas que se sacuden con violencia, caderas que delicadamente invitan a moverse con ellas, a su mismo ritmo, a su mismo son. –Un ritmo rápido y monótono, un beat que sumerge con delicadeza todo mi ser en un universo de alucinantes colores.
Cantos tribales, gemidos y gritos… se repite todo una y otra vez con singular violencia; todo suena en una lengua extraña que me arrastra entre la fuerza de sus compases y la energía de sus cuerpos al danzar; en un frenesí, una fiebre que contagia y de la cual es imposible resistirse y no me puedo escapar. Aunque mi mente me recomienda permanecer sobrio… mi cuerpo ya se comienza a estremecer; se convulsiona al ritmo del tambor que marca un son cada vez más fuerte y rápido… y al final no puedo más que disfrutar de esta rica música que me está moviendo, sabiéndome presa de  punta de costa y la voz estival de los garífunas que me ha hipnotizado, perdiendo mi sentido de tiempo y de espacio… solamente somos el son, mi cuerpo, yo y miles de cuerpos danzantes que se han contagiado de este mismo padecer que ha sido imposible ignorar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario