Uno,
dos, tres… despejen… ¡no responde! ¡no respira!
-¡Qué
efímera es la vida! Que fácil se acaba: se vuela de nuestras manos
como hoja al viento.
Una
luz roja, rechinar de llantas, el crujir de los metales estrujándose
entre sí contra mi cuerpo, el impacto de una mole fría que te mueve
y te estremece, luego la obscuridad… y el caos reina en la calles.
-Uno,
dos, tres… ¡despejen! ¡Vamos quédate con nosotros! –me decía
una delicada vos femenina con aire de angustia.
¿Irme?
¿Quedarme? Eran opciones que no dependían de lo que yo pudiera
hacer. Mi estado actual se traduce en un fuerte dolor generalizado,
el más mínimo intento de moverme hace que sienta como si miles de
martillos me molieran a golpes… aunque no tengo mis ojos abiertos
puedo precisar que estoy roto por todos lados.
En
una fracción de segundos he visto mi vida pasar, lo hecho y lo
omitido… “si tan sólo hubiera hecho” pero el hubiera ni
existe, ni existirá dice Sartre. Y justo, a la hora de mi partida,
esta frase tiene una mejor resonancia en mi conciencia, si es que aun
la tengo; lo cierto es que lo que en vida hice, hecho está.
-¡Aceleren!
Necesita una mayor atención, o lo perderemos. –Me sentía en un
drama de E.R., con la diferencia que este era muy real. Lo que más
me irritaba era la sed que sentía y el sabor a metal en la boca.
Además tenía serias dificultades en respirar. ¿Llorará alguien mi
muerte? ¿Seré extrañado? ¿Ocupaba un lugar especial en el corazón
de alguna persona? ¿Me olvidaran pronto aquellos que un día juraron
nunca dejarme? ¡Cómo me encantaría abrir mis ojos y ver quienes me
rodean! Pero mis parpados no se mueven, y a pesar del esfuerzo, de mi
boca no sale ni un gemido.
Me
siento cansado; cansado de la vida, cansado de la muerte ¡Cansado!
De haber aceptado la rutinaria vida que tuve, de jugar el mismo juego
de los demás, de callar y esperar… de mí. Y quizá ese cansancio
fue el que me llevo a querer salir de la rutina, acelerar un poco más
de lo usual, sentirme libre, sentir que estaba haciendo lo que quería
y no lo que dictaban los demás; tal vez me sentí tan libre que
olvide lo que estaba a mi alrededor… tan libre que rompí las leyes
de tránsito.
Pero
que importa ya, si no puedo decirte adiós, ni besar tus labios, ni
dibujar tu rostro, ni tocar tus caderas… solo me conformo con tu
imagen y espero que no me odies por haberme cansado hasta de ti…
-No
tiene pulso… no respira… creo que ya no tiene caso seguir
intentando… lo hemos perdido.
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