martes, 20 de marzo de 2012

El viaje


Uno, dos, tres… despejen… ¡no responde! ¡no respira!
-¡Qué efímera es la vida! Que fácil se acaba: se vuela de nuestras manos como hoja al viento.
Una luz roja, rechinar de llantas, el crujir de los metales estrujándose entre sí contra mi cuerpo, el impacto de una mole fría que te mueve y te estremece, luego la obscuridad… y el caos reina en la calles.
-Uno, dos, tres… ¡despejen! ¡Vamos quédate con nosotros! –me decía una delicada vos femenina con aire de angustia.
¿Irme? ¿Quedarme? Eran opciones que no dependían de lo que yo pudiera hacer. Mi estado actual se traduce en un fuerte dolor generalizado, el más mínimo intento de moverme hace que sienta como si miles de martillos me molieran a golpes… aunque no tengo mis ojos abiertos puedo precisar que estoy roto por todos lados.
En una fracción de segundos he visto mi vida pasar, lo hecho y lo omitido… “si tan sólo hubiera hecho” pero el hubiera ni existe, ni existirá dice Sartre. Y justo, a la hora de mi partida, esta frase tiene una mejor resonancia en mi conciencia, si es que aun la tengo; lo cierto es que lo que en vida hice, hecho está.
-¡Aceleren! Necesita una mayor atención, o lo perderemos. –Me sentía en un drama de E.R., con la diferencia que este era muy real. Lo que más me irritaba era la sed que sentía y el sabor a metal en la boca. Además tenía serias dificultades en respirar. ¿Llorará alguien mi muerte? ¿Seré extrañado? ¿Ocupaba un lugar especial en el corazón de alguna persona? ¿Me olvidaran pronto aquellos que un día juraron nunca dejarme? ¡Cómo me encantaría abrir mis ojos y ver quienes me rodean! Pero mis parpados no se mueven, y a pesar del esfuerzo, de mi boca no sale ni un gemido.
Me siento cansado; cansado de la vida, cansado de la muerte ¡Cansado! De haber aceptado la rutinaria vida que tuve, de jugar el mismo juego de los demás, de callar y esperar… de mí. Y quizá ese cansancio fue el que me llevo a querer salir de la rutina, acelerar un poco más de lo usual, sentirme libre, sentir que estaba haciendo lo que quería y no lo que dictaban los demás; tal vez me sentí tan libre que olvide lo que estaba a mi alrededor… tan libre que rompí las leyes de tránsito.
Pero que importa ya, si no puedo decirte adiós, ni besar tus labios, ni dibujar tu rostro, ni tocar tus caderas… solo me conformo con tu imagen y espero que no me odies por haberme cansado hasta de ti…
-No tiene pulso… no respira… creo que ya no tiene caso seguir intentando… lo hemos perdido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario