Si ya no te recuerdo, no existes... y si
no existes: el daño que me infrinjiste, o todo el bien que hiciste
quedará también olvidado
Si ya no existes, tampoco lo hacen el
dolor, la amargura y el resentimiento; ni las alegrías, el gozo y la
felicidad compartida.
Eso no significa que ya no camines, o
que ya no vivas; o que nunca más te vuelva a ver; es sólo una forma
de explicarte que no me voy a esforzar por reternete en mi cabeza...
Sin embargo, al verte, al encontrarte: todos los sentimientos que un
día tube por tí se materilizarán frente a mí.
Por eso, según la dirección que tomen
mis sentimientos, puedo decidir simplemente ignorarte, fingir que no
existes, que mi corazón nunca te conoció; o puedo abrirte mi
entrañas y mostrarte que a pesar de las nuevas arrugas o los menos
cabellos, sigo siendo el mismo despistado sin remedio, el lector sin
descanso, el maníaco de atar, el neurótico constante, que
repite una y otra vez esa rutina autista que ya te sabes de memoria.